Los delitos de odio se estabilizan en Granada en medio de un clima creciente de crispación

Granada Hoy – El último informe de Interior muestra cómo los indicadores son similares a años anteriores, con la única excepción de 2019, año del confinamiento

Lo ocurrido el pasado enero en Algeciras, donde un hombre asesinó al sacristán del pueblo e hirió a un sacerdote y un peatón, todo ello entre gritos contra la religión católica, ha vuelto a poner en el centro del debate público el tema de la inmigración y la integración de las personas que profesan alguna religión no católica en un país donde esta fe es mayoritaria. Pese a la alarma generalizada, lo cierto es que, al menos en Granada, los delitos por temas religiosos son casi inexistentes, según se desprende del informe Ministerio del Interior referente a los delitos de odio, con datos actualizados a 2021.

De las páginas del documento, se extrae que, en dicho año, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado solo registraron un caso de discriminación por creencias religiosas en la provincia, siendo la ideología el motivo mayoritario (4). Por otra parte, no constan detenidos ni investigados en Granada por este motivo.

GRANADA SE ENCUENTRA POR DEBAJO DE LA MEDIA NACIONAL Y AUTONÓMICA

Este indicador sí que sube, aunque poco, respecto a años anteriores. Así, en 2020 fueron 12 las víctimas, las mismas que en 2015. Hay que acudir hasta 2018 para encontrar unos datos similares a los últimos publicados por el ministerio (15). Por delitos, la gran mayoría (7) de víctimas fueron por xenofobia, muy separados de los afectados por delitos de orientación sexual (3), el segundo con más víctimas. 

En cuanto a los detenidos o investigados, fueron 4 a lo largo de 2021, solo uno menos que los de 2020. Si las victimizaciones subían y los hechos conocidos se mantenían, un vistazo a este indicador refleja una serie de vaivenes en los últimos años. Así, el informe de 2019 refleja tan solo dos personas detenidas o investigadas por la Policía Nacional y la Guardia Civil en la provincia, mientras que en 2018 fueron 7, el mayor dato hasta la fecha.

Por otro lado, los Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado esclarecieron hace dos años 8 delitos de los 14 conocidos, lo que supone algo más de la mitad de los casos totales. Una vez más, los datos apenas sufren variación con la serie histórica, pues en 2020 fueron 10 los casos resueltos, mientras que un año antes fueron 9, igual que en 2018. En 2017 fueron 8 los casos, una bajada significativa respecto a 2016 (11) y 2015 (12).

Actos motivados por prejuicios

La expresión delitos de odio engloba a todos aquellos motivados por prejuicios o intolerancia, contra personas intencionalmente seleccionadas por una característica específica que le es inherente, como puede ser su raza, orientación sexual, ideología o religión, entre otras. Se les infringe un grave daño, no sólo físico, sino también emocional. Los autores buscan menoscabar la dignidad de las personas y resquebrajar su derecho a desarrollar la vida en paz, armonía y libertad.

Interior detalla una serie de acciones que se han hecho en los últimos tiempos para luchar contra los delitos de odio, como son la evaluación y seguimiento de un código de conducta de la Comisión Europea para combatir la incitación ilegal al odio en internet, el desarrollo de talleres de servicios para las víctimas, la realización de una encuesta sobre este tipo de delitos, para comprender mejor el sentir de los afectados, la elaboración de mapas interactivos de recursos de atención a las víctimas, planes de acción, comisiones de seguimiento, desarrollo de protocolos y participaciones en proyectos europeos.

La cifra total de delitos e incidentes de odio registrada por las Fuerzas de Seguridad en España en 2021 ascendió a 1.802 hechos, lo que supuso un aumento del 28,62% en relación con 2020. De esa cifra, 78 son infracciones administrativas. Los hechos se han elevado en ámbitos como el antisemitismo, la discriminación generacional, la orientación sexual e identidad de género, la discriminación por enfermedad, las creencias religiosas y el racismo y la xenofobia. Descienden en personas con discapacidad y antigitanismo, mientras que la aporofobia y la ideología se mantienen igual que el año anterior.

La tasa de esclarecidos es del 62,87% del total. Entre los incidentes relacionados con el odio destacan, en términos cuantitativos, las lesiones, las amenazas, los daños, las injurias, el trato degradante, la incitación pública al odio, las coacciones, otros delitos en contra de la Constitución y hechos de carácter no penal con fines de discriminación.

Los meses en los que se registró mayor actividad fueron mayo, julio y septiembre, por este orden. Del análisis de los hechos notificados se extrae que los lugares específicos donde se han producido con mayor frecuencia son la calle y otras vías de comunicación. A continuación le siguen las viviendas, establecimientos, instalaciones deportivas, espacios abiertos, centros religiosos y otras instalaciones.El 63,82% de las víctimas fueron hombres y el 35,97% mujeres, si bien hay delitos en los que esos porcentajes varían. Por ejemplo, en el caso de los ataques contra la orientación sexual, el de los hombres sube hasta el 75%, en la aporofobia hasta el 80% y en la ideología al 79%. En el caso del antigitanismo y la discriminación generacional, en cambio, los hombres sólo representan el 47% de las víctimas. Ese porcentaje baja aún más en los ataques por enfermedad, hasta el 41%, y por antisemitismo, que sólo sufren el 33% de hombres. Es decir, dos de cada tres víctimas de antisemitismo son mujeres.

EN 2021 SE REALIZARON CUATRO DETENCIONES, UNA MENOS QUE EL AÑO ANTERIOR

Entre los principales hechos cometidos contra personas de ambos sexos están las lesiones y las amenazas. La distribución de las víctimas según su nacionalidad refleja que en primer lugar se encuentran las de nacionalidad española, con el 65,33% del total de victimizaciones registradas. Dentro de los extranjeros, los que contabilizan valores más elevados son los procedentes de Marruecos (9,66%), Colombia (2,72%) y Venezuela (1,76%).

El informe incluye un apartado específico sobre menores de edad. La mayoría de los menores que sufrieron ataques fueron por cuestiones racistas o xenófobas y por su orientación sexual. Por tipos delictivos, las lesiones fueron los hechos más frecuentes. En este grupo de edad se incrementa el porcentaje de españoles que padecen el odio, que sube hasta el 77,83%. Las víctimas extranjeras vuelven a estar encabezadas por Marruecos (7,5%) y Colombia (2,36%), seguidos de Argelia (1,89%).

La distribución porcentual de nacionalidades varía en otros grupos de edad, como el de 26 a 40 años, donde el porcentaje de españoles baja hasta el 53% y el resto de afectados son extranjeros, con los procedentes de América y África como principales perjudicados. En el caso de los mayores de 65, prácticamente el total de los casos (98,28%) afecta a españoles, si bien en números globales son muchos menos que en otras franjas de edad.

Perfil masculino

En cuanto al perfil del autor, el 81% de los mismos son hombres. Sólo en el caso de discriminación por enfermedad se aprecia un mayor porcentaje de mujeres que de hombres (58% frente a 42%) entre los autores. La cifra de detenidos e investigados por delitos de odio en 2021 en España asciende a un total de 743. Los ámbitos más comunes fueron, de nuevo, el racismo y la xenofobia y la orientación sexual e identidad de género. Uno de cada tres autores tienen edades comprendidas entre los 26 y los 40 años.Las lesiones, amenazas y delitos de incitación al odio determinan las principales causas de detenciones entre los autores de ambos sexos. Más de tres cuartas partes del total de arrestados son españoles. Entre los extranjeros, que representan el 25% de los autores, destacan los procedentes de Marruecos (6,73%), Rumanía (2,02%) y Bolivia (1,75%).

Interior dedica un apartado a los delitos de odio cometidos en el ámbito de internet y las redes sociales, que han crecido un 22,75% en relación con el año anterior. Los ámbitos de ideología, orientación sexual y racismo son los que muestran una mayor incidencia, con un total de 179 hechos conocidos de los 232 registrados. Las amenazas, injurias y promoción o incitación pública al odio se computan como los hechos delictivos que más se repiten, siendo internet (37,83%) y telefonía y comunicaciones (25,22%) los medios más empleados para la comisión de los mismos. A continuación están las redes sociales (22,29%) y, a mayor distancia, los medios de comunicación social (5,28%).

La sociedad es más crítica con el comportamiento incívico de los gitanos

Otro de los hechos que volvió a encender el debate sobre discriminación fue lo ocurrido en Íllora, que puso en esta ocasión a la etnia gitana en el centro de la diana, por su, supuesto, desapego a las costumbres y tradiciones del resto de la sociedad. Sin embargo, de nuevo, los datos presentan una realidad muy distinta, puesto que en 2021 no se realizaron detenciones por antigitanismo ni se conocen ningún hecho por parte de las Fuerzas y Seguridad del Estado. 

Pese a todo, la sociedad critica más el comportamiento incívico de las personas gitanas que el de las que no lo son, según ha demostrado un estudio social encabezado por investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y que se dio a conocer hace unos días. La investigación analiza el castigo social en un entorno muy particular: los experimentos de cooperación multilateral con población gitana y paya de la provincia de Granada, una de las áreas de mayor concentración calé de Europa occidental.

«El pueblo gitano, debido a su intenso sentido de identidad cultural propia y a su dependencia de redes familiares amplias y densas, representa un caso de estudio muy valioso para el análisis de las dinámicas de cooperación y sanción entre grupos culturalmente distintos, así como entre mayoría y minoría», explicó Espín.

Los hallazgos sugieren la existencia de motivos culturalmente específicos para la sanción social que derivan de las diferencias etnoculturales y de las diferencias de género. En concreto, los varones gitanos parecen utilizar las sanciones para defender el valor de su identidad grupal frente a la mayoría, mientras que los no gitanos las usan para «proteger una norma de cooperación que consideran universal».